La mano izquierda de la oscuridad
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La mano izquierda de la oscuridad
De esta novela, que fue publicada en 1969 en inglés y en 1973 en español, se afirmó (aunque a Le Guin no le gustaban estas etiquetas) que se trataba de la primera obra de “ciencia ficción feminista”; aunque (si no me engaño) en el libro no se utiliza siquiera una vez esa palabra. Y por otra parte, aunque el género “ciencia ficción” en sus orígenes estaba restringido a las baratas revistas “pulp” de escasa calidad muy populares en norteamérica, sus tópicos han ido desapareciendo del género, como es el caso en esta novela.
«Escribiré mi informe como si contara una historia, pues me enseñaron siendo niño que la verdad nace de la imaginación.» Así comienza su relato Genly Ai, enviado al planeta Gueden —también llamado “Invierno” por su gélido clima— con el propósito de contactar con sus habitantes y proponerles unirse a la liga de planetas conocida como el “Ecumen”.
Los guedenianos han experimentado una mutación que los hace únicos: son andróginos, hermafroditas, y adoptan uno u otro sexo exclusivamente en la época de celo, denominada “kémmer”. Durante aproximadamente tres semanas del mes son biológicamente neutros y en la semana restante son machos o hembras, hecho determinado por la influencia feromonal de su compañero sexual. Nadie sabe que sexo le tocará, aunque en ocasiones el individuo puede elegir el sexo, según su preferencia, por medio de drogas. Así pues, un individuo puede tanto ser el padre como dar a luz hijos, hecho que se da incluso en las parejas estables (cuando, preguntado, Genly Ai aclara que en la Tierra y planetas afines las cosas son distintas, que aquí en cualquier momento se pueden mantener relaciones sexuales, su interlocutor —el rey de Karhide, uno de los reinos de Gueden— comentará: «¿Así que todas las gentes de esos planetas están en kémmer permanente? ¿Una sociedad de perversos? Así lo explicó el señor Tibe, y pensé que bromeaba.»)
Gran parte de la novela es una exploración de una sociedad neutral, una sociedad en la cual el conflicto sexual no desempeña ningún papel. La afirmación más provocadora de la autora es que tal mundo no tendría una historia de guerra: al faltar un profundo sentido de la dualidad implícito en las marcadas divisiones de sexo, a los guedenianos les faltaría un componente necesario del nacionalismo. Su sentido del nosotros contra ellos se ve muy mitigado por su intuitiva comprensión de que no hay verdadera diferencia, que cualquier distinción es, al menos, arbitraria.
Para cumplir su misión —recordemos, tiene que conseguir que el planeta se una a la liga de los mundos—, Genly Ai pasa dos años en la capital del país de Karhide, intentando que el primer ministro Derem Estraven le consiga una cita con el rey Argaven. Pero la entrevista demuestra que el rey está loco. Estraven es acusado de traición y exiliado, y Ai prueba suerte en Orgoreyn, el otro país grande del planeta, a donde Estraven ha huido. El tiempo pasa, y los orgotas consideran a Ai un espía, y lo envían a una granja de confinamiento «voluntario» en el norte. Allí, sometido a las condiciones extremas del clima, la mala alimentación, y la administración de drogas para evitar el kémmer, muere poco a poco. Pero Estraven, que lo ha buscado, lo rescata y juntos cruzan las regiones más desoladas de Gueden, en pleno invierno, en un viaje de ochenta y un días, para llegar a Karhide. Allí pretenden buscar una radio para avisar a la nave de Ai. Estraven, aún proscrito, es delatado e intenta cruzar nuevamente la frontera, pero los guardias lo matan. Cuando la nave baja, el rey Argaven firma la alianza.
«La luz es la mano izquierda de la oscuridad, y la oscuridad es la mano derecha de la luz. Las dos son una, vida y muerte, juntas como amantes en kémmer, como manos unidas, como el término y el camino.»
