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Hola a todos,

Quiero invitaros a este nuevo espacio en el que me gustaría compartir con vosotros mi experiencia en un retiro de silencio Vipassana y, sobre todo, aquello que el dolor terminó enseñándome.

Sé que existen muchas técnicas y formas de meditar. Para serenar la mente o desarrollar la atención plena no es necesario adoptar una postura determinada ni soportar el dolor. Podemos meditar tumbados en el suelo, en un sofá o en cualquier posición que nos resulte cómoda y nos permita estar presentes.

Sin embargo, como tantas veces os he dicho en nuestros encuentros, creo que debemos prestar especial atención a aquello que es contrario u opuesto a nuestras propias creencias, a nuestra forma de pensar o de actuar. Quizá precisamente aquello que inicialmente rechazamos sea lo que más puede enseñarnos.

Para mí era inconcebible convivir con el dolor de aquella manera.

Durante el retiro pasé aproximadamente sesenta y dos horas intentando comprender para qué debía permanecer allí, pero también con la determinación de escuchar al maestro.

En uno de esos momentos sentía un dolor severo en la espalda. Pensaba que, en esas condiciones, sería imposible concentrarme o meditar. El dolor era un distractor constante. Por eso pedí un respaldo que me permitiera sentarme de una forma más cómoda.

La respuesta que recibí fue sencilla, pero abrió algo que en ese momento todavía no podía comprender.

Me dijo, en esencia, que tal vez el dolor tenía algo que enseñarme. Que podía moverme si realmente lo necesitaba, pero que intentara permanecer.

Y escuché.

Lo que ocurrió después abrió la puerta a una comprensión que, para mí, terminó rebasando los límites de aquellos diez días de retiro y conectando con muchos de los aprendizajes que la vida había ido dejando en mí.

Lecturas, conversaciones, arte, duelos, pérdidas, experiencias y preguntas comenzaron a adquirir una forma distinta.

Quiero compartir esta experiencia con quienes se encuentran en un camino de meditación, practiquen Vipassana u otra técnica, pero también con quienes simplemente sienten una curiosidad genuina por saber qué puede ocurrir cuando nos enfrentamos al silencio.

¿Qué puede enseñarnos el silencio cuando dejamos de intentar llenarlo?

¿Qué ocurre cuando dejamos de huir inmediatamente de aquello que nos incomoda?

¿Y qué puede enseñarnos el dolor físico, cuando una posición que parece destinada a la meditación puede sentirse, en determinados momentos, más cercana a una tortura que a la quietud?

Hoy, desde esta comunidad PAS, puedo decir que siento que he vuelto más sensible, pero muchísimo menos reactivo.

Y quizá ahí exista una pregunta interesante.

El silencio tiene un poder enorme. Quizá incluso pueda acercarnos a algunas de las preguntas que hemos compartido en nuestros encuentros: el sentido de la vida, la vulnerabilidad, nuestra fragilidad y la experiencia de sabernos pasajeros.

Porque todo es pasajero.

Nosotros también.

Os invito entonces a compartir este nuevo encuentro, tanto si meditáis como si nunca habéis meditado, tanto si tenéis experiencia como si simplemente sentís curiosidad.

Será una oportunidad para compartir aquello que esta experiencia me enseñó y, sobre todo, para abrir una conversación sobre algo que todavía sigo descubriendo:

lo que el dolor y el silencio pueden llegar a enseñarnos.

Os espero.

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